Por cada página leída,
dos o tres palabras
desaparecen de mi vocabulario.
Por cada conversación compartida,
vuelve mi encéfalo a reiniciarse.
Soy un huérfano tartamudo.
A cada rato, cuando intento balbucear
la combinación del alfabeto
o la peregrinación del lenguaje
me recibe el abismo
de todas las guerras
no declaradas.
No me desanimo, pues voy
encontrándome con
quienes devuelven
las enciclopedias a su viejo sitio
y las resistencias
a la historia.
Ustedes, nietos y nietas del territorio.
Martín Emilio González/
En el año de la pandemia.
